Hacer la diferencia

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"Quiero rodearme de gente que sepa tocar el corazón de las personas, gente a quien los golpes duros de la vida le enseñó a crecer con toques suaves en el alma" (Mario Andrade).

Hoy me atrevo a hacer mías las palabras de grandes pensadores que dejaron plasmadas en ellas luces que ayudan a iluminar el camino de la vida de quienes deseen aprenderlas, aprehenderlas y practicarlas;

Vivimos tiempos de mucho odio, violencia, mezquindad, rivalidad, egoísmo..Cuando deberían ser tiempos de evolución, de paz, de compartir, de ayudar, de aprender de una vez por todas que:
La rivalidad, la calumnia, el egoísmo y la envidia son enfermedades del alma y como tales a nada bueno conducen;
No tiene sentido odiar ni envidiar al prójimo; pues el odio y la envidia son sentimientos tan negativos que terminan revirtiéndose contra quien los lleva dentro, no dañan ni enferman a su destinatari;, dañan, destruyen y enferman al remitente;
¿Que hay que luchar para triunfar? Indudablemente que si, pero con la convicción de que para triunfar no se requiere destruir al otro, porque la verdadera victoria está en la conquista de uno mismo; Y mejorarse a uno mismo no es lo mismo que intentar ser mejor que los demás destruyéndolo, eliminándolo!
Definitivamente el gran desafío se encuentra en nuestros corazones, no en el adversario! Porque ser espiritual no es señal de debilidad, muy por el contrario, las personas realmente espirituales, (no las que fingen serlo), son fuertes, muy fuertes, porque son las que han vivido y sobrevivido a las tragedias más dolorosas..En palabras de Friedrich Nietzsche: "Ellas honran la vida justo porque ésta les opone su máxima hostilidad."